
EL PARAGUAY QUE SE PREPARA (A MEDIAS) PARA LOS DESASTRES: DEL PND 2030 AL PND 2050 Y LA APUESTA POR LA INNOVACIÓN
Paraguay ha levantado en el papel una arquitectura ambiciosa para gestionar el riesgo de desastres y adaptarse al cambio climático, pero la experiencia reciente con inundaciones, sequías y olas de calor muestra que la implementación va muy por detrás de la urgencia del problema. El paso del Plan Nacional de Desarrollo Paraguay 2030 al PND Paraguay 2050, sumado a la estrategia de innovación “Paraguay Protegido y Resiliente”, abre una ventana de oportunidad, aunque también expone brechas que no conviene disimular.
PND 2030: el riesgo como problema de pobreza y territorio
El PND Paraguay 2030 no tenía un capítulo exclusivo de desastres, pero sí integraba la gestión de riesgos de forma transversal en tres frentes: pobreza, ordenamiento territorial y sostenibilidad ambiental. En su diagnóstico reconoce que los riesgos de sequías e inundaciones son crecientes, impulsados por el cambio climático y el aumento de personas expuestas, sobre todo en zonas rurales e indígenas.
Tres rasgos destacan:
- El riesgo se vincula directamente con la reducción de la pobreza y el desarrollo social: la resiliencia comunitaria se entiende como resultado de servicios básicos, protección social y conexión al ingreso, no solo de obras de emergencia.
- El ordenamiento y desarrollo territorial asume explícitamente la “gestión de riesgos” como función clave, al definir cómo se ocupa el territorio, dónde se prioriza infraestructura y qué áreas se preservan.
- La sostenibilidad ambiental se concibe como reducción de desequilibrios (deforestación, contaminación de agua y aire) que multiplican el impacto de sequías e inundaciones sobre comunidades vulnerables.
En suma, el PND 2030 ayudó a instalar la idea de que los desastres no son solo “eventos naturales”, sino el resultado de decisiones sobre dónde vivimos, cómo producimos y qué tan protegidos están los hogares pobres.
PND 2050: un objetivo claro en riesgos, con riesgo de “ambientalizar” el problema
El PND Paraguay 2050 introduce una innovación importante: incorpora un objetivo específico para “Fortalecer la capacidad de adaptación ante los riesgos de desastres” (3.3.1), dentro del pilar 3 “Ambiente y Energía”. Plantea una gestión integral de riesgos naturales y antrópicos, con énfasis en anticipación, alerta temprana, infraestructura resiliente y soluciones basadas en la naturaleza.
Entre sus avances formales:
- Ordena incorporar la evaluación y gestión del riesgo en proyectos de inversión pública y privada, de modo que obras e infraestructuras se diseñen considerando vulnerabilidad y exposición.
- Propone sistemas de alerta temprana multiamenaza con base en información geoespacial y redes de comunicación, y un marco legal e institucional para un sistema nacional de alerta temprana.
- Impulsa la restauración de bosques, humedales y cuencas como barreras naturales frente a inundaciones, sequías y otros riesgos climáticos.
- Sugiere indicadores como la tasa de mortalidad por desastres y la proporción de población cubierta por sistemas de alerta temprana, en coherencia con el Marco de Sendai.
El diagnóstico del propio PND 2050 reconoce, sin embargo, que el país sigue fuertemente expuesto: registra sequías agrícolas e hidrológicas más intensas, inundaciones recurrentes en la Región Oriental y en el Chaco, y afectaciones crecientes a agricultura, disponibilidad de agua y salud. Estudios del BID y del Banco Mundial refuerzan esta foto: una fracción importante de la población está expuesta a inundaciones y calor extremo, y los hogares pobres y asentamientos precarios concentran la mayor vulnerabilidad.
El riesgo del nuevo enfoque es que, al “alojar” la gestión del riesgo en el pilar ambiental, se termine reduciendo el problema a un tema climático o ecosistémico, perdiendo la transversalidad que el PND 2030 había logrado:
- El vínculo entre riesgo y pobreza, empleo, agricultura familiar o protección social aparece fuerte en el diagnóstico, pero mucho menos en los objetivos e indicadores de los pilares de Personas y Sociedad o Infraestructura, Innovación y Competitividad.
- El ordenamiento territorial se reconoce como desafío crítico —baja cobertura de planes, débil aplicación de normas de uso de suelo—, pero la traducción de esa agenda en metas y responsabilidades sigue siendo frágil.
El resultado es un marco estratégico mejor alineado con la agenda climática global, pero todavía con flancos abiertos para que el riesgo se siga produciendo desde las políticas sociales, productivas y territoriales.
Entre el papel y la realidad: una brecha persistente
Más allá de los PND, Paraguay cuenta con un Plan Nacional de Implementación del Marco de Sendai y con un Plan o Política Nacional de Gestión y Reducción de Riesgos liderada por la SEN. Sobre el papel, se trata de una arquitectura institucional respetable en el contexto regional. Sin embargo, los índices de gobernabilidad en gestión del riesgo y las evaluaciones recientes enfatizan una brecha persistente entre el marco normativo y la práctica.
Algunas cuestiones clave:
- Eventos climáticos extremos recientes han erosionado avances en crecimiento y reducción de pobreza, mostrando que la protección social y la planificación territorial no alcanzan aún para amortiguar los choques.
- La capacidad de coordinación entre sectores (vivienda, obras públicas, agricultura, ambiente, protección social) sigue siendo limitada, lo que dificulta pasar de “proyectos aislados” a políticas integrales de resiliencia.
- Los gobiernos locales, que son la primera línea de respuesta y prevención, enfrentan fuertes restricciones de recursos y capacidades técnicas para implementar planes y normas de gestión de riesgos.
En este contexto, el PND 2050 representa una mejora como hoja de ruta, pero no garantiza por sí solo un salto cualitativo en la gestión del riesgo si no se acompaña de reformas de gobernanza, financiamiento y capacidades.
Innovación y resiliencia: la promesa de “Paraguay Protegido y Resiliente”
La estrategia “Paraguay Protegido y Resiliente”, impulsada por la Estrategia Nacional de Innovación (ENI), busca fortalecer la resiliencia ciudadana, empresarial y la reconversión laboral frente a crisis sanitarias y socioeconómicas, apoyándose en ciencia, tecnología e innovación. A diferencia de los PND, más normativos, la ENI se posiciona como plataforma para experimentar y escalar soluciones.
Su aporte potencial a la agenda de desastres y clima pasa por:
- Diseñar y testear nuevas herramientas (sistemas de información, productos financieros, modelos de atención en salud y protección social) que aterricen la noción de resiliencia en servicios concretos para la ciudadanía.
- Articular universidades, sector privado, gobierno central y territorios vulnerables en proyectos que conecten el pilar de Ambiente y Energía con los pilares de Personas y Sociedad y de Infraestructura e Innovación del PND 2050.
Pero hoy la ENI y “Paraguay Protegido y Resiliente” son más una promesa que una realidad consolidada: su impacto dependerá de que logren anclarse en presupuestos, políticas sectoriales y capacidades locales, y no queden como una colección de pilotos bien intencionados.
Mirando el conjunto, el balance más realista podría resumirse así:
- El PND 2030 mostró que el riesgo de desastres es inseparable de la agenda de pobreza, territorio y ambiente; el PND 2050 refuerza la dimensión climática y da visibilidad específica a la gestión integral del riesgo.
- La brecha entre lo que dicen los planes y lo que ocurre en el territorio sigue siendo grande, en un país donde la pobreza y la exposición física a amenazas climáticas continúan fuertemente acopladas.
- La estrategia “Paraguay Protegido y Resiliente” ofrece una vía para cerrar esa brecha desde la innovación, siempre que logre articularse con el PND 2050 y con las instituciones que toman decisiones cotidianas sobre obras, uso del suelo y protección social.
Más que celebrar logros, el desafío para los próximos años será usar este andamiaje de planes e iniciativas como punto de partida para una política de gestión y reducción de riesgos que deje de ser una promesa escrita y se vuelva experiencia cotidiana en barrios, comunidades rurales y territorios más expuestos.
Sobre la Autora →
Angelina Trinidad Da Silva es docente técnica e investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales (FACSO) de la Universidad Nacional de Asunción. Actualmente lidera el proyecto de investigación «Acción colectiva para la resiliencia ante desastres en Asunción, Lambaré y Villeta durante el periodo 2015-2023». Su trabajo se centra en la comprensión de los desastres como resultado de vulnerabilidades socialmente construidas y en el fortalecimiento de la capacidad de respuesta colectiva ante estas situaciones en el contexto de incertidumbre climática.
Contacto: angelina_trinidad@facsouna.edu.py
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