Evaluación de riesgos y acción colectiva: lo que aprendemos antes del desastre

EVALUACIÓN DE RIESGOS Y ACCIÓN COLECTIVA: LO QUE APRENDEMOS ANTES DEL DESASTRE

La gestión del riesgo de desastres no empieza cuando el agua ya entró en las casas o cuando el incendio se ve desde la ruta. Empieza mucho antes, con algo tan básico como conocernos, entender nuestro territorio y hablar el mismo idioma cuando hay una emergencia.

¿Por qué evaluar el riesgo antes del desastre?

El peor momento para aprender a gestionar un desastre es durante el desastre. Evaluar riesgos permite anticiparse, reducir daños y organizar mejor la respuesta, tanto en una empresa privada como en un barrio ribereño o una comunidad indígena del Chaco.

El riesgo es la combinación de amenaza y vulnerabilidad: cuánto puede afectarnos un evento y con qué capacidades contamos. Fortalecer capacidades organizativas, técnicas y comunitarias es construir resiliencia incluso cuando todavía no suena ninguna sirena.

Las múltiples caras del riesgo en Paraguay

  • En Paraguay, las fuentes de riesgo aparecen a diario, aunque a menudo las naturalizamos. Para analizarlas, trabajo con tres escalas:
  • Micro: casa, escuela, hospital, empresa.
  • Meso: barrio, municipio, distrito.
  • Macro: nivel regional o nacional, con inundaciones o sequías de gran alcance.
  • Al mirar casos concretos, se destacan:
  • Riesgos naturales: inundaciones en el Chaco y barrios ribereños, sequías prolongadas, granizadas, incendios forestales de sexta generación.
  • Riesgos sociales: violencia, desalojos a comunidades campesinas e indígenas, conflictos por tierra y discriminación social.
  • Riesgos económicos: daños en cosechas, pérdida de ganado, fracasos comerciales.
    Riesgos políticos y ambientales: deforestación, contaminación, bloqueos de rutas y conflictos sociales.

La pregunta que dejo en cada clase es: ¿cuánto de esto nos sorprende y cuánto simplemente no quisimos mirar a tiempo?

Mapas de riesgo, clima y territorio

Si estos riesgos se expresan en distintas escalas, necesitamos mirarlos sobre el territorio para no gestionarlos a ciegas. Evaluar sin mirar el territorio es como hacer un diagnóstico médico por teléfono.

Los mapas de riesgo deben integrar:

  • Amenazas (zonas inundables, áreas propensas a deslizamientos o incendios).
  • Vulnerabilidades (asentamientos precarios, escuelas sin plan, hospitales sin respaldo eléctrico).
  • Capacidades (bomberos, centros de salud, rutas de evacuación, puestos de comando).

Usamos herramientas accesibles como Google Earth para ubicar coordenadas, delimitar áreas o definir posibles zonas de aterrizaje de helicópteros, y cuando es posible, software como QGIS o ArcGIS. Aplicaciones para fotografías georreferenciadas facilitan los levantamientos rápidos en terreno.

EDAN: medir el daño para decidir

Cuando el evento ya ocurrió, no basta con saber que “pasó algo”: la Evaluación de Daños y Análisis de Necesidades (EDAN) nos permite traducir el impacto en datos y decisiones. La EDAN es uno de los instrumentos centrales en gestión de desastres.
Más que formularios, es un proceso metódico y participativo que busca responder rápidamente:

  • Qué se dañó.
  • Cuántas personas están afectadas.
  • Qué se necesita ahora y en los próximos días.

Puede organizarse a nivel municipal, departamental, regional o nacional, abarcando salud, viviendas, líneas vitales (energía eléctrica, agua, conectividad) e infraestructuras críticas. Se trabaja con informes sucesivos (8, 24, 72 horas) que orientan decisiones de emergencia y recuperación temprana.
Para que el EDAN funcione, no puede ser una visita aislada de técnicos externos. Necesita el protagonismo de actores locales: líderes comunitarios, personal de salud, docentes, bomberos, funcionarios municipales y organizaciones sociales.

El Sistema de Comando de Incidentes: un idioma común

Mientras la EDAN ordena la información sobre daños y necesidades, el Sistema de Comando de Incidentes (SCI) ordena a las personas, recursos y decisiones en el terreno. El SCI nació con los grandes incendios forestales en lugares como California, pero hoy lo aplicamos a conciertos, partidos, elecciones, incendios urbanos o inundaciones repentinas.

Su objetivo es integrar instalaciones, personal, protocolos, equipamiento, comunicaciones y administración de recursos bajo una estructura única.

Su organigrama básico incluye:

  • Comando del incidente.
  • Seguridad.
  • Información pública.
  • Enlace.
  • Planificación, operaciones, logística, administración y finanzas.

En la práctica significa que hay una sola voz oficial y un flujo de decisiones claro. Para eso se cuenta con una persona con el rol de oficial de información pública; su labor es tan crucial que puede ordenar o desordenar todo un operativo.

Participación, discriminación y microrealidades

La diversidad de perfiles que intervienen en la gestión y reducción de riesgos —especialistas en continuidad de negocio, trabajadoras sociales, comunicadoras, personal de proyectos con comunidades— evidencia que el riesgo es también social y político. Por ejemplo, la discriminación hacia población indígena o campesina en desalojos con violencia es un riesgo político-social que puede transformarse rápidamente en desastre para esas comunidades.
Asimismo, la migración rural-urbana y la expansión de cinturones de pobreza en las ciudades ubican a muchas familias en suelos baratos pero altamente expuestos. Por eso recurro a metodologías participativas: árboles de problemas, diagnósticos comunitarios, ejercicios de “dónde estamos” y “a dónde queremos llegar”.
Una EDAN sin voces locales o un SCI sin sensibilidad social pueden reproducir desigualdades en lugar de reducir el riesgo.

De la previsión a la acción colectiva

En terreno, no siempre falta todo; a menudo falta previsión: extintores vencidos, sistemas contra incendios sin mantenimiento, planes de emergencia desconocidos. Cambiar a una lógica integral implica articular tres enfoques:
Prospectivo: evitar que hoy se construyan los desastres de mañana (por ejemplo, regular asentamientos en áreas inundables).
Correctivo: reducir riesgos existentes reforzando infraestructuras y servicios.
Reactivo: mejorar preparación y respuesta con herramientas como EDAN y SCI.

En Asunción, Lambaré y Villeta, y en muchas otras ciudades latinoamericanas, esto exige combinar conocimiento técnico y saberes locales, articulando universidades, gobiernos, empresas y organizaciones comunitarias. Allí se juega la acción colectiva que puede marcar la diferencia entre un evento adverso y un desastre.
Como bombero y docente, sé que el tiempo corre en contra cuando no nos preparamos. También sé que una comunidad organizada, con un mapa sencillo y roles claros, puede salvar vidas con recursos mínimos.

Sobre el Autor →

Darío Pérez es doctor e ingeniero agrónomo, docente universitario y bombero voluntario con más de 33 años de experiencia en gestión integral del riesgo de desastres e incendios forestales. Ha desarrollado procesos de capacitación, evaluación y mapeo de riesgos en distintos municipios de Paraguay, con énfasis en metodologías participativas y análisis espacial aplicado al cambio climático. .

 

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