
LA RESILIENCIA URBANA EN PARAGUAY: APRENDIZAJES DESDE EL TERRITORIO
Cuando hablamos de resiliencia urbana en Paraguay, especialmente en el departamento Central, no hablamos solo de lluvias intensas, inundaciones o baches en las calles. Hablamos de historias largas de desigualdad, de cómo se ocupó el territorio, de quién pudo acceder a una vivienda segura y quién fue empujado a vivir en zonas de riesgo.
Vulnerabilidad urbana: algo más que “mal clima”
Desde una perspectiva de ecología humana, la vulnerabilidad urbana es el resultado de la interacción entre dinámicas ambientales degradadas, desigualdades socioeconómicas persistentes y formas de ocupación del suelo marcadas por la exclusión del acceso formal a la ciudad. En el departamento Central esto se ve con claridad en zonas inundables, áreas periurbanas y asentamientos informales, donde se combinan presión sobre humedales y cauces, precariedad institucional y reproducción de desigualdades sociales.
En estos territorios, las familias llegan porque no tienen otra opción y terminan habitando espacios frágiles, muchas veces rellenando humedales o construyendo al borde de los cauces. Lo que suele nombrarse como “falta de previsión de las personas” es, en realidad, una consecuencia de políticas urbanas fragmentadas y de mercados de suelo excluyentes.
Comunidades que resisten y se organizan
En contextos de inundaciones recurrentes y conflictos territoriales, como en sectores del Bañado Sur, las comunidades no se quedan de brazos cruzados. Ante cada crisis, se activan redes de parentesco, vecindad y liderazgos locales que permiten organizar evacuaciones, ollas populares, refugios improvisados y mecanismos de cuidado colectivo.
Esta capacidad de respuesta rápida es un capital social clave para la resiliencia comunitaria: la información circula de casa en casa, se coordinan grupos para cuidar a personas mayores, niñas y niños, y se gestionan de manera informal los pocos recursos disponibles. Muchas veces estas redes comunitarias actúan antes, y con más eficacia inmediata, que los propios dispositivos institucionales.
Los límites de la resiliencia “desde afuera”
Sin embargo, estas experiencias también muestran los límites de una resiliencia pensada solo como capacidad de aguante frente a la crisis. La fragmentación institucional, la lógica asistencialista y la falta de reconocimiento del saber local terminan debilitando los procesos organizativos a mediano plazo.
Cuando las instituciones llegan solo para “contener” la emergencia, sin incorporar lo aprendido por las comunidades en años de lucha y organización, se pierde la oportunidad de transformar las condiciones que producen la vulnerabilidad. La resiliencia no puede ser inducida únicamente desde afuera: se construye desde el territorio, pero necesita marcos institucionales que reconozcan, fortalezcan y no sustituyan las capacidades existentes.
Tres cambios clave para ciudades más justas
Fortalecer la resiliencia urbana en Paraguay implica avanzar en al menos tres frentes estratégicos.
- Políticas públicas integrales: pasar de respuestas sectoriales y reactivas a políticas urbanas que articulen gestión ambiental, ordenamiento territorial, vivienda y reducción del riesgo, con una mirada de sistemas socioecológicos urbanos.
- Prácticas profesionales participativas: abandonar intervenciones tecnocráticas y verticales y apostar por cartografía social, sistematización de experiencias y diálogo de saberes como herramientas centrales para planificar y evaluar.
- Rol activo de la academia: que la universidad pública asuma su papel como mediadora y co-productora de conocimiento, involucrándose en procesos territoriales y produciendo evidencia que dialogue con el conocimiento comunitario.
Comunidades como protagonistas de la ciudad
Pensar en resiliencia urbana no es pedirles a las comunidades que “se adapten” a vivir en la precariedad, sino transformar las estructuras que las colocan en situación de riesgo. Eso implica reconocer a las comunidades no solo como beneficiarias de programas y proyectos, sino como actores centrales en la construcción de ciudades más justas, adaptativas y socialmente sostenibles.
Lo importante no es solo cómo aguantar la próxima inundación, sino cómo transformar la ciudad para que nadie tenga que vivir con miedo a ser desalojado, a que el agua lo expulse de su casa o a que el Estado lo ignore. En otras palabras, que vivir en un lugar seguro y digno no dependa de la suerte o del ingreso, sino que sea un derecho garantizado para todas las personas.
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Sobre el Autor →
Federico Vargas Lehner es Ingeniero en Ecología Humana, docente investigador de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Asunción. Sus líneas de trabajo incluyen ecosistemas sociales, economía y desarrollo rural, y mitigación y adaptación al cambio climático. Integra el consejo directivo de la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología (SOCLA) 2024–2026 y es miembro de la Sociedad Internacional de Ecología Humana. Ha desarrollado consultorías para organismos internacionales y proyectos vinculados a agricultura familiar y comunidades indígenas en Paraguay.
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