Acción comunitaria frente al extractivismo verde

PILAR 1983: UNA CIUDAD A MERCED DEL RÍO

En Paraguay se habla cada vez más de “país verde”, “polo forestal” y “oportunidades en créditos de carbono”. Detrás de estas frases hay una apuesta concreta: expandir plantaciones de eucalipto presentadas como solución al cambio climático y motor de desarrollo. En este trabajo quise mirar con detalle qué se dice sobre esas plantaciones y, sobre todo, qué no se dice.​

Mi objetivo fue analizar cómo el Estado, las empresas forestales y los grandes medios construyen un discurso que presenta el monocultivo de eucalipto como estrategia de mitigación climática y desarrollo sostenible, mientras deja en segundo plano sus impactos sociales y ambientales. Para eso utilicé el Análisis Crítico del Discurso, que ayuda a ver las relaciones de poder que se esconden en las palabras.​

¿Qué es el extractivismo verde?

Llamo extractivismo verde a las formas de extracción intensiva de recursos que se presentan como “sostenibles” o “climáticamente responsables”, pero que en realidad continúan viejos patrones de despojo territorial. Ya no se trata solo de desmontes para soja o ganadería, sino de grandes plantaciones destinadas a madera y créditos de carbono.​

Con el Acuerdo de París, Paraguay se comprometió a reducir al menos un 20% de sus emisiones proyectadas al 2030, y una de las respuestas fue impulsar plantaciones forestales vinculadas a mercados de carbono, con el eucalipto como cultivo estrella. Sobre el papel, parecen proyectos que ayudan al clima y traen inversión. La pregunta es qué ocurre en los territorios donde se instalan.​

Qué dicen las leyes, las empresas y los medios

Para entender esa narrativa, analicé 20 documentos: leyes, planes de cambio climático, discursos empresariales e informes de prensa. En ellos aparecen tres ideas que se repiten:​

  • Legitimación institucional: las normas declaran “de interés nacional” la mitigación y adaptación, priorizan el sector forestal y hablan de “restauración a gran escala” y “desarrollo bajo en carbono”.​
  • Mercantilización verde: se regulan créditos de carbono, se bonifica la plantación forestal y se presenta el mercado de carbono como gran oportunidad económica para el país.​
  • Responsabilidad corporativa: las empresas se muestran como sostenibles, con certificaciones y promesas de empleo, desarrollo local y producción “amigable con el ambiente”.​

Los medios refuerzan este relato con titulares sobre “potencia verde”, “polo forestal global” y “ingresos millonarios” gracias a los créditos de carbono y las plantaciones. En conjunto, construyen una imagen muy positiva del eucalipto como solución climática y económica.​

Lo que casi no se cuenta

Cuando se contrasta este discurso con estudios científicos y testimonios de comunidades, aparecen otros datos. Investigaciones sobre plantaciones de eucalipto en Paraguay muestran pérdidas importantes de carbono y nutrientes en el suelo y aumento de la acidez, dificultando la regeneración de especies nativas.​

Organizaciones campesinas del Norte del país denuncian que el avance del eucalipto implica desplazamiento de comunidades, pérdida de tierras productivas y deterioro de sus medios de vida. En relatos recogidos por un centro de estudios paraguayo, muchas personas hablan de promesas de empleo que no se cumplieron y de un paisaje transformado en función de intereses externos.​

Estas voces, sin embargo, casi no aparecen en los discursos oficiales ni en la narrativa mediática dominante. Desde la perspectiva de Van Dijk, esto muestra cómo quienes tienen más acceso a los espacios de comunicación pueden definir qué se considera “desarrollo sostenible” y qué experiencias quedan fuera de la conversación.​

¿Transición ecológica para quién?

El caso del eucalipto en Paraguay ilustra cómo la crisis climática puede ser usada para abrir nuevos negocios bajo etiquetas verdes. Se habla de capturar CO₂ y atraer inversiones, pero se dice poco sobre suelos empobrecidos, agua disputada o comunidades campesinas que ven cambiar su territorio sin haber sido realmente consultadas.​

Con este artículo no pretendo negar la urgencia de enfrentar el cambio climático, sino plantear otra pregunta: ¿qué tipo de transición queremos y quién decide cómo se hace? Una transición que repite lógicas de extractivismo, aunque ahora pintadas de verde, difícilmente será justa ni sostenible.​

Abrir este debate implica escuchar más a las comunidades rurales, mirar los impactos ecológicos completos y cuestionar modelos que convierten cada crisis en una nueva oportunidad de negocio. Solo así podremos hablar en serio de alternativas que cuiden el clima sin sacrificar territorios ni derechos.

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Sobre la Autora →

Sandra Valdez Ayala, Graduada de la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción. Socia investigadora del Centro de Estudios Rurales Interdisciplinario (CERI). Participante del curso de postgrado “Gestión Integral del riesgo de desastres y adaptación del cambio climático” organizado por la FACSO-UNA en el año 2025.

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